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Yo comprendo, tú comprendes,… nosotros nos comprendemosMuchas mañanas recibimos visitas de padres, preguntándonos sobre la tarea que sus hijos tenían que realizar para ese día. “Lo que pasa es que no entendimos la pregunta”, “No sabíamos donde buscar información”, “A mí me lo enseñaron de otra manera”, “No me hace caso, porque dice que yo no sé nada”, son frases que se repiten día a día en la puerta de la escuela. Vaya contradicción, aspiramos a formar alumnos, ciudadanos, hombres, en continua liberación, y cuando llegan a su casa no pueden más que vislumbrar adultos condenados a la opresión . Opresión ejercida por este sistema neoliberal, que los condena a la marginación, a la pobreza, a la ignorancia… Hoy en día batallamos en soledad, contra un enemigo muy poderoso. La escuela ha perdido ese gran aliado, en pos de la educación, y el crecimiento de los niños, que es la familia… debemos recuperarlo… ¿De qué sirve nuestra tarea, si cuando llegan a casa los alumnos no pueden seguir nutriéndose de la belleza del conocimiento? ¿De qué sirve si están solos librados a la educación de la TV y el “Cyber”? Sin dudas si los padres encontrasen un espacio donde poder aprender o reaprender ciertos contenidos (tanto conceptuales, procedimentales, como actitudinales), la tarea de la escuela sería mucho más beneficiosa para los niños. El solo hecho de ver que sus padres concurren a la escuela para crecer como personas, para poder ayudarlos a ellos, redefiniría sus ideas de trabajo, sacrificio, y así mismo de paternidad… “Una de las violencias que realiza el analfabetismo y la ignorancia, es la de castrar el cuerpo consciente y hablante de mujeres y hombres prohibiéndoles leer y escribir, con lo que se limitan en la capacidad de, leyendo el mundo, escribir sobre la lectura, y al hacerlo repensar su propia lectura. Aunque no anule las relaciones milenarias y socialmente creadas entre lenguaje, pensamiento, y realidad, el analfabetismo las mutila, se constituye en un obstáculo para asumir la plena ciudadanía. Y las mutila porque, en las culturas letradas, impide a analfabetos y analfabetas contemplar el ciclo de las relaciones entre lenguaje, pensamiento y realidad al cerrar las puertas, en esas relaciones, al lado necesario del lenguaje escrito. Es preciso no olvidar que hay un movimiento dinámico entre pensamiento, lenguaje y realidad del cual, si se asume bien, resulta una creciente capacidad creadora, de tal modo que cuanto más integralmente vivimos ese movimiento tanto más nos transformamos en sujetos críticos del proceso conocer, enseñar, aprender, leer, escribir, estudiar.”(1) Como bien dice el pedagogo brasilero Paulo Freire, los hombres no se liberan en soledad, sino en comunión unos con otros…la escuela debe trabajar con la gente, debe abrir sus puertas para compartir las alegrías y las tristezas, los logros y las frustraciones, de quienes más lo necesitan. La historia está allí para ser escrita, esta en nosotros hacer algo con ella o no. Martín Federico Pringles (1).Freire, Paulo: Cartas a quien pretende enseñar. Editorial Siglo XXI. Buenos Aires, 2006. |
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